El sargazo puede ser usado como fertilizante por los agricultores

El sargazo puede ser usado como fertilizante por los agricultores

El sargazo sigue siendo un problema que le da una mala apariencia a las playas de Tulum y oscurece su cristalina agua, sin embargo, desde hace varios años, una familia de agricultores del municipio aprovecha la llegada masiva de esta macroalga que perjudica el turismo de Quintana Roo para fertilizar sus cultivos.

 

“Para nosotros es mucho mejor que el fertilizante que se vende en la tienda” reveló Plácido Balam, agricultor maya.

 

A la fecha, la cantidad de sargazo se ha acumulado en más de 200 toneladas por kilómetro de costa y según varios especialistas es probable que el problema persista hasta finales del mes de septiembre. Ante esto, la familia Balam se ha dedicado a sembrar utilizando la mayor cantidad de sargazo posible.

 

“No’mbre, con lo que estoy sembrando ahorita, en unos 15 días, tres semanas, vas a ver cómo está verdecito, sí da resultado”, afirma Víctor Balam, agricultor.

 

Plácido y Víctor son residentes de Tulum desde que nacieron y todo el tiempo se han dedicado a la agricultura de autoconsumo, pero fue en el año de 2015 cuando gracias a un amigo descubrieron que podían mejorar sus cultivos de maíz, frijol, calabaza y chile usando sólo sargazo y aserrín.

 

“Cuando empezó a salir el sargazo hace como tres años, vino un cuate y me dijo ‘¿no necesitas sargazo?’, y le contesté ‘¿Pa’qué chingaos lo quiero?’, y me dijo ‘Puedes sembrar algo’, y yo le dije ‘Pero si está salada esa cosa’, pues le dije ‘Bueno, tráelo’ y me trajo tres viajes”, explicó Víctor.

 

El proceso que se emplea para hacer uso del sargazo en los cultivos es muy sencillo. Basta con dejar la macroalga por dos o tres días al sol para posteriormente lavarla y extenderla al siguiente día, una vez colocada de esta forma en la siembra, el sargazo se cubre con una capa de aserrín.

 

Usar sargazo como fertilizante para cultivo no afecta la textura, el aroma ni el sabor de la cosecha y tampoco perjudica en la salud de quienes consumen dicho cultivo.

 

“Estamos más saludables que los que viven en el pueblo”, asegura la familia Balam.

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